En muchas empresas, el liderazgo autoritario se ha normalizado bajo frases como “así se logran resultados” o “es parte de la presión del trabajo”. Sin embargo, cuando la exigencia se transforma en intimidación, descalificación o control excesivo, ya no estamos frente a un liderazgo firme, sino ante posibles conductas de violencia laboral.
De acuerdo con Secretaría del Trabajo y Previsión Social, a través de la norma NOM-035-STPS-2018, estas prácticas no solo afectan el ambiente laboral, sino que constituyen factores de riesgo psicosocial que las organizaciones están obligadas a identificar, evaluar y prevenir.
En la práctica, muchas situaciones de violencia laboral no se reconocen de inmediato, ya que se presentan de forma sutil o progresiva. Por ejemplo, un líder que constantemente critica de manera destructiva, que asigna cargas de trabajo desproporcionadas o que utiliza el miedo como mecanismo de control, puede generar un ambiente de tensión permanente. Con el tiempo, esto se traduce en desgaste emocional, desmotivación, conflictos internos y una disminución en el desempeño general del equipo.
A nivel organizacional, estas conductas suelen manifestarse a través de señales claras: incremento en la rotación de personal, ausentismo frecuente, baja productividad, falta de compromiso o incluso problemas de comunicación entre áreas. Aunque en muchos casos estos indicadores se analizan de forma aislada, la NOM-035 invita a entenderlos como parte de un sistema más amplio relacionado con el entorno organizacional y la gestión del liderazgo.
Ignorar estas señales puede tener consecuencias importantes. Además de afectar el bienestar del personal, la empresa se expone a incumplimientos normativos, posibles sanciones y un deterioro en su cultura organizacional. Por el contrario, reconocer a tiempo cuando el liderazgo se está convirtiendo en un factor de riesgo permite implementar acciones correctivas, fortalecer las competencias de los líderes y construir un entorno laboral más saludable y productivo.
En este contexto, el verdadero reto para las organizaciones no es eliminar la exigencia, sino transformarla en un liderazgo consciente, respetuoso y alineado con las disposiciones de la NOM-035. Solo así es posible lograr resultados sostenibles sin comprometer la integridad de las personas.
A partir de este análisis, la organización puede definir un plan de adecuaciones enfocado en acciones concretas y viables. No todas las mejoras deben implementarse al mismo tiempo; lo importante es iniciar con aquellas que generen mayor impacto en la accesibilidad y seguridad, como accesos principales, sanitarios o rutas de evacuación.
Un elemento clave que suele pasarse por alto es la importancia de documentar y formalizar estas situaciones dentro de la organización. La NOM-035 no solo promueve la identificación de riesgos, sino también la generación de evidencia a través de políticas, evaluaciones y mecanismos de atención. Esto permite a la empresa no solo actuar de manera preventiva, sino también demostrar cumplimiento ante una inspección laboral.
Uso de palabras para agredir o intimidar, como gritos, insultos o burlas que afectan la dignidad del trabajador.
Acciones que generan miedo, estrés o inseguridad, como amenazas, manipulación o desvalorización constante.
Conductas repetidas que buscan aislar o perjudicar a una persona, como ignorarla, sobrecargarla o difundir rumores.
Prácticas de la empresa que generan presión excesiva, como cargas de trabajo, mala organización, etc.
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